Apoyándome en ti, en tu cimiento fallido, me encontré con tus manos arrugadas y cansadas de no sentir, tristes por vivir una realidad formada por ambiciones sin cumplir, acalambradas de aferrarse a las ráfagas de un viento que sopla cuentos falsos de algún bosque encantado. Fábulas de bestias, finales felices y de hombres que no mienten.
Y me encontré varado en el principio de tu finalidad, descubierto al frente de tu mirada ciega, allí, donde la desnudes del valle en mi pecho se llenaba lentamente con cada gota de sangre que bombeaba tu corazón y escurría por los poros de tu piel.